10/6/09

La sirena y el pescador

Ilustración de Maria Espejo



Cuántas veces se acercó a la orilla de la playa

para ver al pescador zarpar en su barca.

Cuántas veces durmió bajo las aguas del mar

soñando que desaparecían las escamas.

Cuántas veces siguió el rastro de aquel hombre, la sirena,

que cada mañana alzaba sus brazos para llevarse un pedazo de cielo.

Mientras ella lloraba lágrimas que,

mezcladas con la sal, se convertían en cristal.


Cuántos suspiros burbujeantes salieron de su boca triste,

cuántos peces vio morir.

Pero enamorada cada mañana le veía partir,

Y sin poder asomar su pelo largo y mojado,

sus manos frías, su piel pálida.

La sirena ya no quería vivir más en el mar.

Y el pescador ajeno a aquel amor

cada día alzaba sus brazos para llevarse un pedazo de cielo.


¿Alguna vez podré tenerle entre mis brazos?

¿Sentir su piel cálida y tostada por el sol?

¿Podré ser amada por él?

Soñar a su lado y pasear por la playa…


Y un día sucedió.

Pescando en las aguas como cada mañana,

el pescador la vio.

Fue tal su asombro que le costaba respirar,

no podía creer lo que el mar le había traído a su barca.

Era pequeña, de piel suave, blanca y brillante.

Con ojos oscuros, pelo largo y mojado,

y una cola plateada colmada de escamas.


Así fue como el pescador

se llevó para siempre el corazón de la sirena.

Y dejándola caer sobre el agua calma,

la observó.




Virginia F.

3/6/09

Blue


No he visto un azul tan azul
como el de aquella mirada.
No he visto noche tan llena de anhelo,
de curiosidad y miedo.
¿Quién era? ¿Cómo seria?
¿Qué quería? ¿Cuándo y cómo?

Tras sus pasos, tras su estela a cada movimiento,
tras su olor, buscando sus ojos, ese azul del mar,
ese azul tristeza, ese azul melódico.

El tambor de mi corazón latía fuerte,
y dolía cada vez más, el deseo irremediable,
en aquella oscuridad en la que se hallaba.

Hombre, de mí que harás,
enloquecer mi juicio, trastornar mis dedos de la frente,
perder y buscar el Norte, no saber por qué estoy aquí.

Pero ¿quién era él? ¿De donde había salido?
¿Qué quería yo? ¿Cuándo y cómo?

Demasiadas ganas de volar contigo,
demasiadas preguntas para un miércoles.


Virginia F.

1/6/09

Em tornes boja



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No t’ho vaig dir pero estic boja.
Em ric a soles,
escric poemes sense sentit,
parle amb la gossa del temps
somie amb viatjar en un nuvol blanc
i arrivar fins al poble.
Ningu no m’enten excepte jo.
Ningu no m’enten pero jo si i,
probablement, tu tampoc ho faces.
Quan penso en tu el cor se m’embala.
Quan recordé la teua mirada aquella nit,
el teu somriure embriagador,
la teua veu;
em tornes mes boja del que estic.
I es tanta la bogeria que tinc por.
Por de tastar el teu cos,
la teua escalfor,
els teus llavis, la teua apetitosa llengua;
em tornes molt mes boja del que estic.
Tambe tinc por de engaxar-me.
De tastar el teu cos i fer-me esclava,
De que per a tu tan sols siga un joc mes.
Tinc por de perdre el cap totalment,
De no ser conscient ,
de tornar a caure,
somiar amb tu i que m’agrade.
Em tornes boja, mes boja del que estic,
pero no penso restringir-me,
no penso fer-ho.


Virginia F.

30/5/09

Fragmentos


"Mil veces he querido recuperar aquella primera tarde en el caserón de la avenida del Tibidabo con Bea en que el rumor de la lluvia se llevó el mundo. Mil veces he querido regresar y perderme en un recuerdo del que apenas puedo rescatar una imagen robada al calor de la llamas. Bea, desnuda y reluciente de lluvia, tendida junto al fuego, abierta en una mirada que me ha perseguido desde entonces. Me incliné sobre ella y recorrí la piel de su vientre con la yema de los dedos. Bea dejó caer los párpados, los ojos y me sonrió, segura y fuerte.

- Hazme lo que quieras - susurró.

Tenía diecisiete años y la vida en los labios."






La sombra del viento
Carlos Ruiz Zafón

28/5/09

C'est la vie


"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."


P. Neruda

26/5/09

II

Cerrar los ojos y no ver absolutamente nada. Sentir la vibración de la música retumbando en las entrañas,

en el pecho,

en los oídos.

La mente se pierde y no sabes ni donde estas, mientras por las venas juegan al pilla-pilla nuestros pecados. Se activa la adrenalina, el sudor empapa nuestros cuerpos, pero parece no importar nada,

sólo divertirse.

La oscuridad mezclada con luces de colores inquietas de izquierda a derecha, de arriba a abajo, el efecto de la ebriedad en los ojos, el calor del movimiento;

todo esta en perfecta armonía, lo pasaremos bien.



Virginia F.